|
reporteenergia.com.- (Editorial) Las conclusiones de la reciente cita global por el medio ambiente denominada Rio+20, podrían ser considerada un saludo a la bandera o una ratificación de la hipocresía en el discurso ambiental y la ausencia de consensos en la propuesta de estructurar una “economía verde”.
A pesar del optimismo del secretario general de ONU, Ban Ki-Moon en el discurso de clausura y la lectura del documento final “El futuro que queremos”, fueron más los disensos que las coincidencias en la aplicación de políticas reales que signifiquen acciones efectivas a favor del medio ambiente. En la cita se plantearon los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), que orientarán al mundo para enfocarse en el desarrollo responsable con el medio ambiente, complementando los ya conocidos Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) enfocados en reducir el hambre y la pobreza, además de orientarse en elevar los niveles de acceso a la educación y la salud. Las conclusiones planteadas en Rio, ratifican el espíritu con que la mayoría de los países asisten a este tipo de encuentros, unos a favor de un ambientalismo humanista y conservador y otros a favor de un ambientalismo sostenido en los principios del mercado. Es decir, se trasladan al terreno de la discución ambiental las mismas posiciones políticas que enfrentan a las visiones políticas progresistas de las conservadoras o liberales, sin llegar a veraderos compromisos que resulten en beneficio para los pueblos, destinatarios finales de los frutos de un manejo sostenible y racional de los recursos de la tierra. Los discursos se parapetaron en en las ya conocidas trincheras del lirismo ambientalista, hueco y sin compromiso, tanto de unos como de los otros ya que los niveles de impacto ambiental a nivel mundial en vez de reducirse han crecido y a pesar de la profundización del nivel de conciencia ambiental, siguen existiendo aquellos que sostienen un discurso ambiguo y politizado útil a sus fines y poco efectivo en la práctica. El enfoque de la llamada “Energía Sostenible para Todos”, por ejemplo, si bien ha recibido el compromiso de los líderes mundiales, empresas y grupos sociales reunidos en Rio “para transformar los sistemas energéticos del mundo para el año 2030”, con los objetivos principales de “garantizar el acceso universal a servicios energéticos modernos; el doble de la tasa global de mejora de la eficiencia energética; y el doble de la cuota de las energías renovables en el mix energético mundial”, no ha recibido recursos para una inciativa de conjunto y actuará de manera individual, es decir que cada país hará lo suyo en la medida de sus posibilidades y esas posibilidaes no son otras que la aritmética económica con un tinte ambiental, como ha ocurrido hasta la fecha. FInalmente, lo que se ha demostrado en Rio es que no avanzamos en la medida en que el planeta lo exige y seguimos enfrascados en la producción de riqueza a costa de los recursos naturales. Se debe reconocer algunos avances a favor de un equilibrio sostenible, pero si algo está claro es que se siguen utilizando estos foros para enguerrillarse en posiciones políticas antes que en compromisos reales. |