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reporteenergia.com.- Mientras los principales titulares de diarios, revistas y noticieros de radio y televisión se centraban en los supuestos hechos de corrupción -en proceso de investigación- en la estatal YPFB, el arquero de un club de la Liga del Fútbol Profesional Boliviano, Carlos Emilio Lampe Porras, recibía por segunda vez el único galardón nacional por ser un caballero y jugar según las reglas, evitando agresiones, juego sucio y faltas que producen amonestaciones, expulsiones y suspensiones proporcionales a la violación normativa en el campo de fútbol.
El premio denominado Jugador Petrobras, Juego Limpio, instituido por la petrolera en el marco de su responsabilidad social, para promover la buena conducta deportiva, es un ejemplo a seguir. La promoción de los valores deportivos, el cultivo de las buenas costumbres y la búsqueda de realización a través del logro de metas y objetivos nobles como los de estos deportistas laureados, merece el reconocimiento público. En la orilla del frente, entretanto, espectamos boquiabiertos la constante violación de la norma, el atropello de los valores morales y sociales y la permanente lapidación de los principios éticos en la administración del bien público. Y esta no es una historia reciente, es recurrente, lo cual no la exime de su nociva gravedad en una sociedad que se deteriora. La búsqueda insaciable de poder y de riqueza a costa del bien público se da en todas las sociedades y aún no he escuchado que se hubiera erradicado por completo en ninguna parte. La corrupción, que según la Real Academia Española es “aquella práctica, en las organizaciones, especialmente en las públicas, consistente en la utilización de las funciones y medios de aquellas en provecho, económico o de otra índole, de sus gestores”, está tan profundamente enraizada que muchos creen imposible de eliminar porque hace al propio ser humano, concepto que no compartimos porque creemos en la dignificación de la raza humana, por más utópico que suene. Las noticias sobre nuevos indicios de corrupción en la estatal petrolera boliviana echan un balde de agua fría y generan una sensación generalizada de decepción sobre los hombres que deberían ser ejemplo para el país, de honestidad y respeto al bien público, como suele publicitarse oficialmente. En YPFB están cifradas las esperanzas de miles de bolivianos que creyeron y aún creen en que los recursos naturales cambiarán las condiciones de extrema pobreza, marginalidad, falta de infraestructura, mejor educación y mejor servicio a la salud pública, por decir lo menos. Muchos han cifrado sus esperanzas en la agregación de valor de los hidrocarburos a través de los procesos de separación, en millonarias plantas impulsadas por YPFB, pero el proceso se ve manchado, otra vez, por la irresponsable actitud delictiva de algunos funcionarios, que ignoran el juego limpio, el juego ético, sin golpes bajos al país y a su gente. Muchos creen que pagando mejor se erradicará la corrupción, nosotros creemos que la fórmula pasa por educarnos mejor, aprender a jugar limpio, lo demás es justificar lo injustificable.
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