reporteenergia.com.- El ex superintendente de Hidrocarburos de Bolivia, Hugo de la Fuente, analiza el impacto de la demanda interna de gas en el cambio de matriz energética para el país; señala que desincentiva la inversión en actividades de exploración por parte de inversores externos. Bajo la óptica de la Ley de Hidrocarburos  No. 3058 de 17 de mayo de 2005  y los antecedentes políticos de ese entonces, entre los que se encontraba la guerra del agua, la guerra del gas (octubre negro – 2003) y el Referéndum del 18 de julio de 2004, donde se privilegia el gas para los bolivianos podríamos afirmar que vamos en la vía deseada y votada a favor por la inmensa mayoría de los bolivianos. También podríamos afirmar que esta vía es la plasmada por nuestra Constitución Política del Estado (7 de febrero de 2009), misma que también fue aprobada mayoritariamente por el Referéndum de 25 de enero de 2009.

Empero no necesariamente lo que la mayoría desea es económicamente los más eficiente o la que genera los mayores incentivos para el desarrollo de una industria.

Es claro y evidente que el precio del gas natural para mercado interno versus el mercado de exportación  es francamente abismal, en el pasado mucho más que en la actualidad debido a la caída de los precios internacionales del petróleo, pero aún las diferencias son notables ($us. 1.30 precio industrial para el mercado interno vs. $us 8.40 a Brasil y $us 9.91 para Argentina, a diciembre de 2014).

Sin embargo como todo en la vida, las cosas no son blanco o negro, sino tenemos una infinidad de colores y gradaciones de estas, por dicha razón – por una parte – podríamos indicar que el aumento de la demanda de gas natural en el mercado interno, debido a los bajos precios, desincentivan la inversión en actividades de exploración por parte de inversores externos.

Pero por otro lado, el precio bajo del gas natural en el mercado interno, ha favorecido el cambio de la matriz energética de líquidos a gas (llámese conversión de vehículos), permitiendo que una buena parte del transporte público que utilizaba gasolina se cambie a gas natural, evitando la importación de gasolina a precios internacionales con el consiguiente ahorro de subsidios.

Otro ejemplo importante, es el aumento significativo de nuevas instalaciones de gas natural a domicilios, comercio e industria, que ha permitido sustituir paulatinamente el uso de GLP, y la posibilidad de exportar GLP a precios internacionales.

Además se tiene el beneficio para las amas de casa de tener el producto en línea, que permite mejor precios para la cocción;  pero principalmente permite que muchas personas calienten o enfríen sus casas, de acuerdo a las circunstancia, a precios realmente bajos comparativamente a los de la electricidad, cosa que definitivamente mejora la calidad de vida de los bolivianos y otros estantes.

Refiriéndonos a la actividad de industrialización, concluyentemente estamos en la vía propugnada por la Ley 3058 y la de los bolivianos. En principio muchos pensamos que era una quimera, sin embargo la realidad nos ha mostrado lo contrario, hoy más allá de las especulaciones y la política, están en construcción dos plantas, una de Amoniaco – Urea, que empezara a funcionar en julio de 2016  y otra de Etileno – Polietileno, que funcionará alrededor del 2019.

Ello significa un salto cualitativo como nación, pues generaremos valor agregado al gas natural y opciones de mejora para nuestra propia industria agrícola e ingresos importantes para el país en el rubro de las exportaciones.

Los proyectos de extracción de líquidos ya se benefician en la actualidad con la Planta de Río Grande  (exportación de GLP al Paraguay) y mejoraran con la entrada de la Planta de Gran Chaco.

La posibilidad de implementar el proyecto del Mutún, es también fundamental para el desarrollo del país.

En definitiva, el desarrollo del mercado interno y su participación del 25,9% de la demanda total de gas natural  es positivo, aun con el desincentivo que significa en la atracción de inversiones en exploración.

Seguramente el Estado Boliviano está trabajando para crear una cartera de incentivos donde mezcle pulpa y hueso y de esa manera posibilitar, que inversionistas tengan participación de los precios tanto nacionales como internacionales. Ese es el desafío. ▲