reporteenergia.com.- (Franklin Molina Ortiz, ex viceministro de Desarrollo Energético) Durante la última década, Latinoamérica ha experimentado un periodo de expansión de su economía  y, pese a la caída de precios de las materias primas, minerales y petróleo, para 2015 se espera un crecimiento moderado, cercano al 3%, según CEPAL. Para que este crecimiento logre ser sostenible en la próxima década, la región deberá orientar una serie de acciones de orden estructural enfocado a mejorar las condiciones para generar una diversificación productiva.

En este contexto, los  desafíos que enfrentan los sistemas energéticos regionales adquieren una importancia relevante, dado que este crecimiento viene aparejado directamente de una provisión de energía que garantice el desarrollo y las metas de crecimiento, ligados también a mejorar la infraestructura de distribución, para la dotación del servicio eléctrico a poblaciones que no cuentan con el servicio; así como también, equilibrar la problemática y el papel que juegan en la emisiones de gases de efecto invernadero orientado a la mitigación de los impactos ambientales e incorporar tecnologías eficientes.

Por otra parte, se evidencia en la región un mayor control de los Estados sobre los recursos energéticos, que conllevan el fortalecimiento de sus sistemas y profundizan en otros la gobernanza sobre los recursos naturales; esto último es una oportunidad y en gran medida puntos de partida para que los países avancen hacia una integración energética.

La integración energética entendida como un proceso fundamentalmente político, destinado a complementar a los países a través de intercambios y/o suministro de energía, se constituye en una oportunidad para avanzar hacia otros espacios de integración física, llámese mercados ampliados o de integración económica regional.

Sin embargo, en la región, la integración energética de los países de América del Sur tuvo matices que reflejan una marcada heterogeneidad estructural; los intentos por avanzar hacia la integración, tuvo avances y retrocesos, como ser el proyecto del “Anillo Energético Sudamericano”, que analizó la posibilidad de cerrar un anillo gasífero entre Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Paraguay, Perú y Uruguay, el cual no se llegó a concretar.

La  Unasur, iniciativa reciente e importante en materia de integración, desde el 2006 ha avanzado en esta dirección y en este marco, se han creado importantes órganos en el ámbito energético, como el Consejo Energético Suramericano, encargado del tratamiento y discusión del Tratado Energético Suramericano y de una  agenda en materia de energía, sostenida en un Plan de Acción.

Por otra parte, están otras iniciativas como Urupabol, Sinea, y otras diversas instituciones como Aladi, CAN y sus órganos en materia energética,  pero no es el objeto del presente artículo.

En el marco de la integración energética en el Cono Sur, la situación del país ha tenido avances significativos en los últimos años. Actualmente Bolivia se ubica en el cuarto lugar en el ranking de países exportadores de energía a nivel Latinoamérica y ocupa el primer puesto en Sudamérica, como exportador de gas natural. Estos datos hacen referencia a la exportación de energía primaria (gas natural licuado), con destino a los países de Argentina y Brasil, enmarcados en mecanismos de integración bilateral, bajo la modalidad de contratos de suministros.

El acuerdo de suministro de gas a la república Argentina, se firmó en 1972 y en 1999 concluyó de manera satisfactoria. Posteriormente se firma el 2004 otro acuerdo de suministro temporal y el 2006 se firma un contrato entre YPFB y Enarsa por 20 años más, llegando a un máximo de 26,6 MMmcd. A la fecha se han firmado adendas al contrato principal  bajo compromiso y voluntad política de las partes de dar cumplimiento a este suministro de gas.

El Acuerdo de suministro de Gas a Brasil firmado el 1999 que finalizará el 2019, ha sido un proceso largo y requirió compromiso, voluntad y  riesgos asumidos por ambos países desde sus inicios. En consecuencia se desarrolló un mercado para el gas natural boliviano en el Brasil que ahora sin duda plantea un esquema de continuidad del suministro a largo plazo. Cabe indicar que Bolivia no contaba ese momento con las reservas suficientes de gas (1997 = 4,5 TCF en P1), pero ello no impidió que se firmará un contrato por 20 años y por volúmenes máximos de 30,08 millones de metros cúbicos día  (MMmcd).

En el campo de la integración eléctrica, la decisión acertada del presidente Morales de impulsar el potencial hidroeléctrico del país a través del desarrollo de megaproyectos de generación,  con el objetivo de exportar energía hacia los países vecinos, y obtener beneficios de las ventas de excedentes, marca un hito en la historia de la explotación de los recursos naturales con valor agregado. En base a ello se han firmado importantes acuerdos entre Argentina, Paraguay y Perú en las últimas semanas.

El  16 de junio de este año, el Ministro de Hidrocarburos y Energía, Luis Alberto  Sánchez, firmó un Memorándum de Entendimiento con el ministro de Planificación Federal, Inversión Pública y Servicios de Argentina, Julio De Vido, para el intercambio en energía eléctrica y el intercambio de gas natural entre ambos países; en lo que respecta al componente eléctrico, se prevé la construcción de una línea en 500 Kv desde Yaguacua (Bolivia) – Tartagal (Argentina).

También se firmó con el Paraguay un importante acuerdo destinado a impulsar la iniciativa Urupabol y la compra venta de GLP entre las empresas estatales Petropar e YPFB.  A su vez el compromiso de desarrollar estudios para apoyar la interconexión eléctrica entre ambos países en zonas fronterizas.

Con el Perú se firmó acuerdos para distribución de Gas Licuado de Petróleo (GLP) en las poblaciones situadas al sur de Perú, además, del abastecimiento de gas natural a través de la construcción de un gasoducto que abastezca al sur peruano. Asimismo, la Empresa Nacional de Electricidad (ENDE) Corporación realizará  estudios para la construcción de línea de transmisión entre Bolivia y Perú.

Estos acuerdos e iniciativas tienen como objetivo convertir al país en el centro energético regional y desarrollar el potencial hidroeléctrico del país, estimado en una capacidad disponible de 49.800 MW de potencia.

De estos proyectos actualmente ya están en su fase de ejecución, Miguillas, Misicuni, San José y otros que están en estudios, como ser la cuenca del Río Madera, El Bala, Rositas, Miguillas, el complejo hidroeléctrico del Sur y otros.

Lo anotado, sugiere configurar una hoja de ruta integral de aprovechamiento hidroeléctrico, que incluya desde el desarrollo normativo y regulatorio (Nueva Ley de Electricidad y sus reglamentación), la formación de un capital humano para llevar adelante la ejecución de estos proyectos estratégicos, desarrollo y fortalecimiento de capacidades en equipos técnicos de negociación, el manejo ambiental y socio ambiental, hasta el desarrollo técnico para superar las barreras de la dependencia tecnológica.

No menor es el esfuerzo económico que requieren estos proyectos, con una inversión en los próximos años que superaría los $us 20.000 millones para su ejecución y concreción, precisamente por esta razón es importante el concurso y apoyo de la banca multilateral y países amigos. En esta línea es clave contar con socios que permitan generar una dinámica interna favoreciendo el desarrollo económico y la industria energética nacional.

Como conclusión puede señalarse  que existe cierta infraestructura para integración en el Cono Sur, pero los aspectos geopolíticos, históricos y cuestiones físicas son barreras importantes.

En tal sentido el estado Boliviano va por buen camino, con el desarrollo para los próximos años de importantes proyectos energéticos en materia de gas y electricidad; pero al mismo tiempo hay bastante por avanzar hacia una efectiva integración energética regional para que sea solidaria, complementaria y genere un desarrollo sostenible equilibrado con respeto por el medio ambiente para superar la pobreza y elevar la calidad de vida de los pueblos del sur