reporteenergia.com.- (Artículo de Boris Santos Gómez Úzqueda, Máster en Administración, Columnistas de diarios Las Américas  Miami y el Nacional de Caracas-  @bguzqueda). Hace más de diez años que la posibilidad de insertar a Bolivia al exclusivo “club” de países y corporaciones con negocios LNG está en mesa. No es una opción que haya sido desechada, sino más bien apenas retrasada.

Para los que se adentran recién al mundo LNG: el gas natural licuado (LNG o GNL) es gas en estado líquido enfriado a -161o C  convertido en líquido transparente como el agua, inodoro, incoloro, y no es ni corrosivo ni toxico y listo a ser transportado en barcos (metaneros). Es la forma de almacenaje de gas más eficiente y ocupa aproximadamente unas 600 veces menos espacio en fase líquida que en fase gaseosa haciendo económico su transporte y almacenaje.

Problemas políticos, de percepción, enfoque y volúmenes/reservas y contratos/financiamientos han postergado esta opción de negocios que, claramente en breve no sólo volverá a la discusión sino que eventualmente pondrá a Bolivia como socio de ese escenario de grandes corporaciones.

Resulta noticia muy promisoria que la administración estatal boliviana anuncie proyectos para exportación de LNG quedando en estudio conocer los volúmenes y precios para la venta de este producto a otros países (abril 2015) y que en muestra de la real importancia de negocios LNG –obviamente mejor si son en gran escala y a largo plazo- es que en septiembre de 2014, la estatal boliviana Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) puso en marcha la Planta de GNL con el ensayo de carga, transporte y distribución del Sistema Virtual de gas natural licuado a tres poblaciones de las 27 que serán beneficiadas en una primera fase a nivel interno (El complejo de GNL está ubicado cerca de la Planta Separadora de Líquidos Río Grande, en el municipio de Cabezas, Santa Cruz).

Con este complejo se ampliará la cobertura de gas natural a 27 nuevas poblaciones del país donde no llegan los gasoductos convencionales o tradicionales ya sea por razones geográficas o económicas.

Adicionalmente hay otro proyecto –que tampoco es muy grande en términos de volumen- pero sí ya pone a Bolivia en negocios LNG al interior del continente: el pasado marzo 2012, el entonces viceministro de Desarrollo Energético reveló que el estudio de factibilidad de la alternativa de transporte de gas natural licuado (GNL) por la hidrovía Paraguay-Paraná —impulsado por la alianza de países Urupabol (Uruguay, Paraguay y Bolivia)— había sido adjudicado al grupo consultor Energy Consulting Services-Tractebel Enginnering (ECS-TE).

El escenario latinoamericano del LNG es dinámico. Brasil, Argentina, Perú, Colombia, Chile están inmersos en el negocio LNG como consumidores u suministradores de LNG.

Siempre insistí en que se debe reformular la visión estratégica boliviana en hidrocarburos, a través de una Nueva Política Energética (NPE) con instrumentos legislativos, regulatorios y normativos atractivos para capitales en exploración, explotación de gas y petróleo, y adicionalmente para sentar bases de proyectos de industrialización y de exportación de LNG.

Ahora el Estado boliviano tiene la misión de relanzar la imagen y potencialidad boliviana en negocios de escala de gas natural re-enfocando prioridades y permitir la promoción de Bolivia como un país atractivo de capitales para nuevos negocios y proyectos compartidos. Ello generará instrumentos de reducción de pobreza y competitividad global.

En la perspectiva política insisto en la absoluta posibilidad de “convivencia” tipo “condominio” entre el modelo estatista del modelo de «nacionalización» con otros nuevos modelos de negocios compartidos joint ventures, y participación de multinacionales en contratos LNG o de industrialización de gas natural a escala en otras áreas exploradas, otras áreas certificadas y otras áreas a ser explotadas y posteriormente industrializadas. Ese podría ser un exitoso modelo de convivencia entre dos visiones de Estado.

Sigue en pie la oportunidad de generar negocios en agregación de valor al gas natural en: metanol, en plásticos, en diésel ecológico, en fertilizantes, en urea, en nuevos combustibles como DME di-metil éter, y otros derivados y gas para generación eléctrica.

No se necesitan porciones de reserva muy «grandes» para procesos de industrialización. Se puede «combinar» exportación de LNG con suplir mercado interno, contratos con Brasil y Argentina y con nuevas plantas de generación de valor agregado.

Los mercados «naturales» para el valor agregado al gas boliviano serán: diésel y electricidad, en excedentes, para Chile, Paraguay, Argentina, Brasil y hasta Perú. Nuevos energéticos y plásticos (ej. DME) para el Asia. LNG para México y el estado de California.

El consumo de LNG en Estados Unidos se incrementa año tras año. California es una «potencia» económica que requerirá DME y gas -para generación de electricidad limpia- y lo llevará de todas partes, del Perú (Camisea) o el gas boliviano.

Los negocios en gas se están diversificando, bajando costos, y dando oportunidades a países con problemas de transporte, como el caso boliviano, de manera que el transporte de LNG, o de diésel (producido vía GTL), o DME a través de transporte marítimo van a ser posibles y sostenibles en costos, haciendo a los energéticos bolivianos, y a sus plásticos, competitivos en mercados más o menos lejanos.

No olvidar que el avance de la tecnología posibilitará reducir costes de exploración/explotación de otros reservorios tipo shale de gas y petróleo lo que incrementará nuestra posibilidad de oferta de derivados del gas. Naturalmente con reglas claras de apoyo estatal y patrocinio a esas nuevas actividades.

No es mala idea aquella que busca unir el proyecto de LNG boliviano con el proyecto de LNG peruano. Dado el avance de ese proyecto habría que pensar, en consecuencia, en «complementariedad» del negocio.

Todo ello en el marco de la nueva visión en energía, una NPE: consensuada con participación del Estado y de la sociedad proactivamente diseñando y planificando a largo plazo temas como: ¿Cómo y quién financia proyectos?, ¿cómo se consiguen y garantizan fondos? ¿cómo incorporar de «socio» al Estado en todos los proyectos? La política energética ya no puede construirse de «Gobierno en Gobierno», debe tener un alcance de mínimo 15 años. En tanto ocurre «lo macro» de esta descripción, no se descuidará la meta de elevar en actuales campos la producción para el mercado interno y para cumplir contratos externos. Reducir importación de diésel y mejorar el refino de combustibles en el país, evitando costes de importación/subvención.

Pasar del «rentismo» hacia una política de atraer inversiones para la seguridad de la producción sin enfoques ideológicos, para que el Estado, como competidor global y través de una compañía especializada en industrialización actúe con mentalidad corporativa generando «rentabilidad» en negocios que bien pueden ser apalancados o por vía de asociar a Bolivia en proyectos de riesgo compartido aportando una parte de nuestras reservas de gas (de nuevos reservorios, hasta 3 TCF por veinte años para industrializar gas en DME, sólo como ejemplo) o por vía de apalancar dinero de las RIN (reserva internacional neta, en proyectos de, por ejemplo, conversión de GTL).

El expresidente de la estatal boliviana YPFB dijo en una entrevista que “Nuestra única posibilidad de exportar es través del LNG (Gas Natural Licuado)”, posibilidad que se exploró hace más de 10 años. En la misma entrevista afirmó que “se requiere de una infraestructura portuaria y de conocer un puerto donde podamos hacer inversiones altas y significativas. ▲