El Ingeniero Rafael Alarcón, quien goza de amplia experiencia en el sector eléctrico y una vasta carrera como docente universitario y consultor, asumió el mando de un ministerio que al decir del presidente del Estado, será “la esperanza y el futuro económico del país”. Con esta frase ha sellado un desafío mayúsculo para quien tuvo a su mando la Empresa Nacional de Electricidad (ENDE) en momentos de transición y consolidación como empresa estratégica, dentro del nuevo modelo implementado por el gobierno, en 2006, a partir de las nacionalizaciones y adquisiciones de las empresas estratégicas del sector energético boliviano.
Sin embargo, estos son otros tiempos, ya que la bonanza de los recursos generados por el gas ya son cosa del pasado y la apuesta y el foco del gobierno se traslada a la generación eléctrica, a partir de las fuentes convencionales, pero sobre todo con un componente de energías renovables que marca una nueva etapa en el país.
Si bien el anterior ministerio de hidrocarburos y energía a la cabeza de Luis Alberto Sánchez, le dio un impulso inicial a la diversificación de la matríz energética boliviana, agregando a la red y en los sistemas aislados, energía generada a partir de fuentes eólicas o fotovoltaicas, de los nuevos parques en producción, sumando a la generación de las termoeléctricas e hidroeléctricas que soportan la demanda nacional, será fundamental que el nuevo ministro marque una agenda clara para el desarrollo eléctrico nacional, sobre todo para responder a la ambiciosa premisa de convertir a Bolivia en “el centro energético de Sudamérica”. Definitivamente es un gran paso la creación de una cartera de Estado quese ocupe únicamente de los asuntos relacionados con energía, separado de la actividad eminentemente petrolera y se fortalezca un sector estratégico que requiere, entre otras cosas, un marco legal actualizado y acorde a la realidad actual y una política transparente en cuanto a la vision de futuro y los mecanismos que se deben crear para contar con un ente rector que actúe en base a un plan estratégico y no por impulso de la coyuntura.
Bien por el nuevo ministro, del que los bolivianos esperamos una gestión destacable, coherente con las tendencias mundiales, pero con los pies en la realidad del país.▲

Miguel Zabala Bishop

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